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Trucos para aprender a leer a las personas | TerapiaDirecta Blog

Conociendo a las personas tendrás menos conflictos, y una vez logrado, empezarás a entender mejor su visión del mundo.

Mientras sepas quien es tu interlocutor, automáticamente te conviertes es un comunicador mucho más potente.

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Llegando a un cierto punto, empezarás a desarrollar una cierta empatía para superar el limitante instinto humano: romperás la costumbre de evitar a cualquiera que no se comporte exactamente como tú.

Sin embargo la razón más importante para desarrollar esta habilidad es la de tener una mejor predicción.

De esta forma, podrás manipular mucho mejor a las personas y te permitirá manejar a los demás más efectiva y respetuosamente.

¿Cómo logras leer a alguien?

1.- El primer paso es estar muy atento. Esto no es tan simple como parece.

Puedes estar frente a algo tan grande y tan obvio como una montaña y aún así no mirarla de la forma correcta.

Para leer debes dejar de hacer lo que estás haciendo y prestar atención a la otra persona.

2.- Saber lo que buscas. La gente es bastante complicada y si no sabes lo que tienes que buscar, acabarás perdiéndote.

3.- Aprende a escuchar. No interrumpas ni juzgues ni condenes.

Asegúrate que tu lenguaje corporal es neutral, de lo contrario, tendrá un impacto en tu interlocutor, que tenderá a decir lo que tú quieres escuchar.

Aprende a escuchar con todos tus sentidos.

4.- Ten siempre preparadas unas buenas preguntas. Las preguntas deben ser abiertas, y tener siempre una reserva preparada.

Te ayudarán en la conversación para mantenerla en la línea que tu deseas y permitirá a tu interlocutor hablar más sobre él.

5.- Si alguien quiere derivar la conversación hacia otro tema, pregúntale el motivo.

6.- Presta atención a lo siguiente:

Hablar de forma vulgar. Cuando se alterna con un hablar normal una mala gramática y el hablar de forma coloquial es un indicio de que ocurre algo extraño.

Ostentación: es una muestra de arrogancia, mal control del propio ego, posible inseguridad y un toque de mentira.

Exageración: este es un signo claro de ser deshonesto y quizá un símbolo de baja autoestima.

Autocrítica: es buena en pequeñas dosis, pero si es llevada a extremos puede indicar una baja autoestima.

Chismes: la clásica herramienta del infeliz, inseguro y manipulador.

Humor: si es ligero y sin abusar, está bien; pero si es sarcástico, dice mucho del interlocutor.

Sarcasmo: usado muy a menudo muestra inseguridad y si es agresivo te indica que estás interactuando con alguien inseguro y egocéntrico.

Sin embargo si se mantenido en la dosis normal, es una gran herramienta para destacar un argumento.

No te fijes sólo en lo que las personas están diciendo, contrástalas con las que estén haciendo.

Si sus actos son incongruentes con sus palabras, pon mucha atención a sus acciones.

Recuerda: los errores son actos que se cometen una o dos veces.

Si el mismo patrón se repite varias veces, ya no es un error y no caben las disculpas.

Patrones superficiales

Fanfarronear: denota inseguridad.

Egoísmo: En cualquier forma que aparezca, quiere decir que una persona es egocéntrica, celosa, insegura y realmente competitiva. Empleará mucho la palabra “yo”.

Estar bajo presión: es en esos momentos cuando una persona muestra su verdadero carácter.

Lo que no hace: lo que una persona no está haciendo dice mucho sobre lo que si que está haciendo.

Moralizador: las personas que predican y moralizan o tienen una agenda secreta o realmente están tratando de esconder el hecho de que temen algo. Muchas veces suelen predicar sobre el defecto que precisamente esconden.

Hábitos de gasto: cualquier extremo en esta categoría muestra inseguridad.

Confía en tu intuición: la intuición no es nada más que tu subconsciente se ha dado cuenta de algo de lo que todavía no se ha dado cuenta tu mente consciente.

Fuente: elartedelaestrategia.com

Los Campos morfogenéticos: ¿Todos estamos conectados?

La propia ciencia, cuando se atreve a ir más allá de los dogmas y de lo convencional nos trae resultados sorprendentes. Basado en experimentos de psicología animal, el estudio de los campos morfogenéticos indicaría que todos los seres humanos, estamos unidos, conectados instantáneamente, que la información fluye entre todos nosotros, como si fuéramos un solo y único organismo.

De algún extraño modo el universo es un universo participativo.
(John A. Wheeler)

Cuando el libro de Rupert Sheldrake “Una nueva ciencia” de la vida apareció en Inglaterra, una editorial de Nature, la prestigiosa revista científica, le consideró “el mejor candidato a la hoguera que ha habido en muchos años”, y sostenía que sería una pérdida de tiempo y dinero el contrastar sus conjeturas.

El Dr. Sheldrake introdujo en este libro la teoría de los campos morfogenéticos, como él llama a los campos no-locales, aquellos no relacionados causalmente. Estos campos, según el investigador, permiten la transmisión de información entre organismos de la misma especie sin mediar efectos espaciales.

Es como si dentro de cada especie del universo, sea ésta una partícula o una galaxia, un protozoo o un ser humano, existiese un vínculo que actuara instantáneamente en un nivel sub-cuántico fuera del espacio y el tiempo.


Gráfico del campo creado por nuestro propio Corazón en su Palpitar

Este vínculo es lo que Sheldrake denomina campo mórfico o morfogenético. Al tratarse de una transmisión de información y no de energía, ello no contradice la Teoría de la Relatividad.

Por ejemplo, un roedor australiano puede conocer sin que exista transmisión material, simplemente por resonancia mórfica, algo aprendido por un roedor de su misma especie en Leningrado (Rusia).

Siguiendo con el ejemplo, si llevásemos desde Leningrado a Australia un enemigo natural del citado roedor, el pariente australiano del roedor reconocería al momento a su enemigo al igual que lo hacía su pariente ruso.

Esta teoría le fue sugerida en parte a Sheldrake por ciertos experimentos de psicología animal donde dicho efecto parecía tener lugar. Estos experimentos, realizados en los años de 1920 en la Universidad de Harvard por el Dr. William McDougall, trataban de descubrir en qué medida la inteligencia de las ratas era heredada.

El Dr. McDougall medía la inteligencia, en este caso, por la habilidad de los roedores en recorrer un pequeño laberinto. Las ratas “inteligentes”, aquellas que resolvían el laberinto rápidamente, eran pareadas con otras ratas “inteligentes” y lo mismo se hacía con las ratas “torpes”.

Veintidós generaciones más tarde, en vez de ser las ratas “inteligentes” las únicas más listas, todas las ratas resultaron poseer una mayor inteligencia a la hora de resolver los laberintos. Las ratas de la camada “menos inteligente” recorrían el laberinto diez veces más rápido que cualquier rata de la camada original.

 

Monos de isla de Koshima

Otro ejemplo citado por Sheldrake es el de los famosos monos de la isla de Koshima, en aguas de Japón. Un grupo de científicos alimentaba a estos monos con batatas o boniatos sin lavar. Una hembra que respondía al nombre de Imo, descubrió que lavando la batata en el mar, además de perder la piel la molesta arenilla, éstas sabían mejor. Pronto todos los monos de la isla de Koshima aprendieron el truco. Pero, y esto es lo extraño, todos los monos del continente comenzaron a lavar sus boniatos, y ello a pesar de haberse evitado el contacto de los monos de Koshima con los del resto del país.

Pero este extraño contagio no sólo funciona con animales, también tiene lugar con cristales. Algunas sustancias son muy difíciles de cristalizar en el laboratorio. Pero tan pronto como un laboratorio tiene éxito en la tarea, la sustancia en cuestión comienza a cristalizar con mucha mayor facilidad en otros laboratorios alrededor del mundo.

Al principio se pensó que la causa pudiera ser que investigadores visitantes portaran diminutos trozos de cristal en sus ropas o en sus barbas. Pero finalmente esta causa fue desechada. Aparentemente los cristales aprenden mediante resonancias mórficas.

El Dr. Sheldrake, luego de la publicación de Una nueva ciencia de la vida, realizó dos experimentos para refutar o verificar su teoría. El primer experimento fue patrocinado por la revista New Scientist, de Londres, y el segundo por la Brain/Mind Bulletin, de Los Angeles. Ambos experimentos parecieron confirmar su teoría.

Red neuronal, como es arriba es abajo. Del mismo modo que todas las neuronas son capaces de interactuar entre si, los seres humanos serían capaces de trasmitirse información unos a otros.

En el experimento patrocinado por New Scientist, a personas de distintas partes del mundo se les dio un minuto para encontrar rostros famosos escondidos en un dibujo abstracto. Se tomaron datos y se elaboraron medias.

Posteriormente la solución fue emitida por la BBC en una franja horaria donde la audiencia estimada era de un millón de espectadores. Inmediatamente de realizada la emisión, en lugares donde no se recibe la BBC, se realizó el mismo “test” sobre otra muestra de personas.

Los sujetos que hallaron los rostros dentro del tiempo de un minuto fueron un 76 % mayor que la primera prueba. La probabilidad de que este resultado se debiera a una simple casualidad era de 100 contra uno.

Según el Dr. Sheldrake, los campos no-locales, o campos morfogenéticos, habían transmitido la información a toda la “especie”, sin detenerse en aquellas personas que presenciaron la mencionada emisión de televisión.

En el experimento patrocinado por el Brain/Mind Bulletin de Los Angeles, a varios grupos de personas se les pidió que memorizasen 3 poemas distintos. El primero era una canción infantil japonesa, el segundo un poema de un autor japonés moderno y el tercero un galimatías sin sentido.

Tal como la teoría de los campos morfogenéticos predice, la canción infantil, habiendo sido aprendida por millones de niños durante muchas generaciones, aunque éstos fueran japoneses, fue memorizada notablemente más rápido que las otras dos alternativas.

Sheldrake no fue el único en realizar experimentos de este tipo. Gary Schwarz, psicólogo de la Universidad de Yale, patrocinó un experimento similar en el Tarrytown Executive Conference Center de Nueva York. A estudiantes de Yale que no sabían hebreo se les mostraron palabras hebreas de tres letras, la mitad de ellas sin sentido. Los estudiantes obtuvieron mejores resultados en el reconocimiento de palabras “reales” en una proporción superior a la que cabría esperar como mero fruto del azar.

Todos los seres vivo de una u otra forma estamos conectados
Debido a que la ciencia institucional se ha vuelto conservadora, tan limitada por los paradigmas convencionales, algunos de los problemas más fundamentales son ignorados, tratados como tabú o puestos en el último lugar de la agenda científica. (Rupert Sheldrake)

Nuestra conciencia, según Jack Sarfatti, puede percibir al instante y, al instante, influir sobre cualquier parte del universo. Puede abandonar el cuerpo y vagar más deprisa que un fotón a través de ámbitos infinitos sobre cualquier parte del universo.

En palabras del propio Sarfatti: “Dudo de la existencia de poderes de psicoquinesis y de la transferencia supraluminal de información. Sin embargo acepto la posibilidad de su existencia, ya que la mecánica cuántica parece tener sitio para ellas”.

Estamos conectados con todo en el Universo. No hay nada de lo que no seamos parte; todo fluye a través de, y hacia, nosotros. Nuestras energías, nuestros pensamientos y nuestras palabras fluyen a través de toda vida, en la Tierra y en otros lados…

 

Fuente: cosmoplug.com